miércoles, 26 de diciembre de 2007

Llueve.

Llueve, un hombre camina bajo la lluvia, pasea solo acompañado por su soledad. Siempre se ha sentido bien bajo la lluvia, la lluvia te limpia el alma, te aclara las ideas y te libra de las impurezas. Él se encuentra a gusto bajo el agua a pesar de estar calado hasta los huesos, en su cabeza miles de recuerdos, de sensaciones y un sentimiento que recorre su cuerpo y su mente cada día con más intensidad, con más fuerza, nada ni nadie ha conseguido que ese sentimiento desaparezca, ni siquiera él.
Sólo él sabe que lo que siente le acompañará siempre, su sentimiento es sincero y de verdad… su sentimiento es eterno.
El hombre pasea bajo la lluvia sin destino, sin rumbo, en las calles apenas hay gente y la lluvia cae con fuerza pero él se siente a gusto y como si nadie más hubiera en la ciudad, se encuentra solo. Eso nunca le ha afectado pero ahora… en ocasiones levanta la mirada al cielo, buscando a su buena amiga y compañera la luna, sabe que es noche de luna llena, y aunque no la ve, es consciente de que ella está ahí arriba observando, nunca le ha fallado, siempre le ha escuchado, sólo ella lo conoce mejor que nadie, sólo ella sabe todo lo que pasa por su cabeza.
El hombre camina y camina, no contempla el momento de regresar a su casa, se siente a gusto. De pronto, levanta su mirada de nuevo y se detiene, sus ojos se han quedado fijos en una ventana, él recuerda esa ventana, recuerda lo que hay tras ella, pero aún no consigue entender cómo llegó hasta allí, cómo sus pasos lo han llevado hasta ese lugar. Él recuerda esa ventana y todo lo que sucedió tras ella, todo lo que sintió, todo lo que vivió y lo mágico que es ese rincón para él, y en su rostro se dibuja una sonrisa, la magia sigue llenando ese lugar.

1 comentario:

............ dijo...

Un relato muy chulo, sí